No sé. Quizá las cosas no ocurrieron así. Ni siquiera los pasados se mantienen invariables. Durante un tiempo me oculté la historia, latente, indisponible para el recuerdo.
Yo tenía dieciséis años. Me gustaba exhibir por el mundo un aire de soledad sereno. Aunque la cafetería estaba vacía, un hombre maduro, bien vestido, vino a sentarse en la mesa de al lado de la mía...





