Cuando el sonido de la sirena de los bomberos comenzaba a acercarse, un grupo de curiosos ya hacía corrillos en la acera frente al 315 de la calle Aguado.
I
Cuando el sonido de la sirena de los bomberos comenzaba a acercarse, un grupo de curiosos ya hacía corrillos en la acera frente al 315 de la calle Aguado.
Allí, sobre la cornisa del piso 8º, a medio camino hacia la azotea del 317, un hombre desnudo y aparentemente aterido de frió, se sujetaba con una mano al alfeizar de la ventana mientras con la otra intentaba, sin conseguirlo, taparse lo que se suponía eran sus partes más nobles.
II
A las 6,45, como cada mañana, el despertador sacó de sus felices sueños a Elisa que también como cada mañana, se desperezó, puso a tientas las zapatillas y subió la persiana de su habitación para ver como amanecía el día
Ahí, en ese momento, fue cuando de verdad se sintió despierta; en la pared del edificio de enfrente, a la altura misma de su ventana, había un hombre desnudo.
Por la forma de agarrarse, Elisa pensó que no se trataba de un suicida y sí un hombre desesperado por caer al vacío.
Llamó a los bomberos.
III
A esa misma hora, Julio y Laura continuaban una discusión que había empezado de una manera infantil, él le reprochaba que hubiera dejado la llave puesta por dentro en la cerradura de la puerta y no haber podido entrar, además de tardar una eternidad en atender el timbre cuando por fin le abrió, la casa estaba helada, con la ventana de la habitación abierta de par en par. Tal parecía que alguien hubiese salido volando.
Debajo de la cama, un hato de ropa arrugada era mudo testigo de la discusión.
---
Autor: Manuela - (Relato Finalista I Certamen de Relatos Hiperbreves de Fufosa http://www.fufosa.org/relatosbreves ).





