Estos días estoy de "amo de casa" y, ¡qué remedio!, he tenido que salir a la terraza varias veces para tender. Andaba entretenidillo preguntándome si habrá algo más inútil que un hombre frente a una lavadora, o si existe alguien más torpe que yo tratando de llevar la ropa sin gotear hasta las cuerdas del tendedero ¡con sólo dos manos! Reflexionaba sobre la técnica precisa para tender las sábanas bien estiradas, sin que se vuelen, o sin que se escape una pinza y te griten los del piso de abajo.
Tratando de recomponer mi quebrantada dignidad, hacía palanca con las manos en los riñones cuando ví la colada de la vecina de arriba. Al principio, nada raro: algunos pantalones, ropa de niño, sábanas..., pero, al final de la cuerda, casi imperceptibles, varias braguitas de puntilla tipo tanga se desprendían de su exceso de humedad al sol de la mañana. La espina dorsal, que acababa de enderezar, me ha sacudido un latigazo.
Conozco a esa mujer, sencilla madre de tres niños, simple y perfecta ama de casa, ni fea ni guapa, que lleva el cuerpo camuflado bajo ropas siempre holgadas. No es especialmente atractiva y, por lo mismo, inimaginable objeto de deseo, aun del más morboso de los vecinos. Pero esa pieza de su vestuario sugiere inclinaciones ocultas y seductoras habilidades, una vida con el envés tan hacia dentro de su casa, como vuelta hacia fuera su ropa interior. He seguido tendiendo torpemente, sin dejar de mirar las cuerdas de vez en cuando -rojas, negras, moradas-, hasta que he visto los calzoncillos de su marido y se me han caído los míos con dos pinzas.
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Autor: ACEBO
- (Relato Finalista I Certamen de Relatos Hiperbreves de Fufosa http://www.fufosa.org/relatosbreves ).





