OPINIÓN. José María Martínez Marco
He estado algo más de una semana fuera de Teruel, por motivos personales, y como siempre, al volver echo una ojeada a los periódicos atrasados, para ponerme al día de la actualidad turolense sobretodo. Aunque no dejo de ojear internet, lo que sale ahí no es suficiente. Voy a dedicar un pequeño inciso, permítanmelo, al faldón de Toni Santos del miércoles 23, que me echa en falta. Querido Toni, además de estos temas familiares, está la precampaña electoral, el hablar con personas de las distintas localidades turolenses para hacer candidaturas. Este es el momento de los partidos pequeños. Luego, en campaña oficial, nos dan 8 segundos en los medios oficiales para explicar nuestro programa, y lo que tenemos que hacer es perder lo menos posible.
Pero a lo que íbamos. Una de las cosas que he observado es que nadie reivindica hoy el “no a la guerra”, al menos en los medios que he ojeado. Apenas una carta de duda, en Heraldo, y en Diario de Teruel un alegato de Ana Marín del PP para atacar a Zapatero cuando ellos apoyan la guerra, ¡Qué cinismo! Y un artículo de Vicente Guillén cuyo único objetivo fue decir que Gadafi había regalado un caballo a Aznar. El debate que me interesa es un debate sobre conceptos, no sobre “y tú más”, ni sobre trucos dialécticos.
Quiero manifestar previamente que a mí Gadafi me parece un dictador y un sátrapa, tan dictador y tan sátrapa como cuando era amigo de occidente, ni más ni menos.
Esta guerra es legal. Pero permítanme discrepar también de una guerra legal. Las guerras siempre se justifican previamente, y para ello el aparato de propaganda se emplea a fondo. Esta vez la justificación ha sido que Gadafi estaba bombardeando a su pueblo con la aviación, a un pueblo indefenso, decían, y por ello había que salvar a la gente. Se dice que Gadafi utiliza mercenarios, que puede ser cierto, pero ni más ni menos que Estados Unidos en Irak, por ejemplo. Recuerden Blackwater, la más famosa banda de mercenarios pagada por USA, pero no la única. Decía Jesús María Alemany en una charla a la que acudí, que para justificar la muerte de personas primero les tienes que despojar de su condición humana. Es decir, son mercenarios, algo así como alimañas, y por lo tanto merecen la muerte. Ese es el razonamiento al que nos empujan.
La realidad es que en Túnez y Egipto las manifestaciones han sido pacíficas, a pesar de que en Egipto se ha silenciado que el gobierno mató a cientos de personas desarmadas, pero en Libia los llamados rebeldes se han alzado en armas contra Gadafi, conquistando parte del territorio, o sea que hay una diferencia sustancial con lo sucedido en Túnez y Egipto. Este pueblo rebelde estaba armado, y usando sus armas.
Hay que leer entre líneas las crónicas para entender un poco algo, y lo que entresaco de lo leído es que Libia era un país formado por tribus y clanes, que se repartían los beneficios de sus recursos naturales, petróleo y gas fundamentalmente, y tenían un cierto equilibrio entre ellos. Las “revoluciones” en los dos países vecinos han animado a esas tribus o clanes a derribar a Gadafi, repito, con las armas, para tener más parte del pastel, por su propia iniciativa o convencidos por alguien de que éste era el momento. En mi opinión, los rebeldes midieron mal sus fuerzas militares y luego han pedido ayuda a quienes les animaron a rebelarse. La reacción internacional me hace pensar que detrás están algunos países occidentales interesados en controlar también esos recursos.
Ahora los rebeldes avanzan apoyados por la aviación aliada. Ya no es que dejen de matar personas indefensas, sino ponerse de lado de uno de los contendientes en la guerra. Se trata de matar a los que hemos definido hoy como los malos, que ayer no eran tan malos, eran nuestros aliados. Si de verdad la coalición internacional quisiera que no mueran libios, deberían parar aquí y proponer una salida dialogada entre ellos.
Mientras tanto en Barhein, en Yemen, en Marruecos, en Siria y en muchos lugares, los gobiernos también dictatoriales están asesinando estos días a personas indefensas que se manifiestan, pero no pasa nada, porque esos son hoy, dictaduras amigas.
El “no a la guerra” es una actitud existencial, es una alternativa que proponemos para ir fabricando cada vez menos armas, para ir construyendo un mundo más dialogante, donde haya más derechos y menos violencia. La resolución de la ONU hace que esta guerra sea legal, pero no es la mejor solución, no nos lleva a un futuro mejor.
José María Martínez Marco
Coordinador IU Teruel






