El fin de las vacaciones no solo entristece a los adultos. También los niños pueden deprimirse con la vuelta al cole. De hecho, cada año son más los escolares que sufren la llamada depresión postvacacional. El síndrome, que últimamente afecta más a varones, suele ocultar otros problemas. Para superarlo, el apoyo de la familia es clave.
Cada vez son más los escolares que sufren depresión postvacacional a la hora de retomar el curso. El síndrome, que está afectando más a los varones, no debe confundirse con el sentimiento de tristeza que supone el fin de las vacaciones,
sino que es un problema más grave, con síntomas concretos y duraderos que suelen ocultar otras dificultades por las que pasa el niño en su entorno escolar.
Las estadísticas indican que más de la mitad de los aragoneses adultos sufren depresión postvacacional por volver al trabajo. En edad infantil, el porcentaje es “bastante más inferior”, si bien está aumentando de forma preocupante conforme pasan los años. De ahí, que desde la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía pidan a las familias que “presten atención” a estos síntomas para prevenir sus consecuencias.
“Hay que prestar atención, porque hay chicos que sufren acoso o que tienen algún tipo de dificultad, carencia o complejo en el entorno escolar y que quedan de manifiesto con estas conductas”, ha explicado a ARAGÓN PRESS el presidente de la asociación, Juan Antonio Planas, quien critica el que a veces se frivolice sobre esta enfermedad.
Los síntomas varían en función de la edad y la intensidad, pero los niños con depresión postvacacional suelen somatizar el dolor de estómago con vómitos, llorar fácilmente, tener insomnio, manifestar demasiada inquietud física, sufrir falta de concentración o eludir hablar del tema escolar y no querer adquirir material para las clases. “Todo esto pone de manifiesto que pasa algo. La gravedad o no de los síntomas es lo que los padres deben averiguar”, añade Planas.
Y es que el papel de la familia es clave para prevenir, detectar y superar esta patología, un “fenómeno urbano” directamente relacionado con el ritmo de vida. Los expertos atribuyen el incremento de casos de depresión postvacacional infantil a que “los chicos están cada vez más tiempo solos”. Esto, junto a las rupturas familiares cada vez más frecuentes, “tiene una repercusión directa en el rendimiento escolar y en la autoestima de los hijos y hace que los chicos sean más vulnerables”, explica Planas, que estima que son los varones los que últimamente sufren más complicaciones en el entorno escolar.
Como soluciones, el presidente la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía recomienda adaptarse al nuevo ritmo –ya sea laboral para los adultos o escolar para los niños- de forma paulatina. “No es aconsejable experimentar una ruptura drástica entre las vacaciones y la vuelta a la rutina”, apunta.
En este sentido, insta a los padres a que aprovechen el mes de septiembre, en el que los hijos sólo van a clase por las mañanas, para organizar actividades lúdicas por las tardes, como ir al parque, visitar alguna exposición o realizar excursiones. La idea es combinar el ocio con las obligaciones, pese a que ello suponga un esfuerzo extra para los padres, dado el poco tiempo libre del que disponen una vez que han vuelto al trabajo.
En el caso de que el malestar por la vuelta al colegio no sea puntual y vaya en aumento al cabo de varias semanas, se recomienda hablar con el tutor del niño o su orientador en el centro “para ver si realmente se necesita la intervención de una persona especializada” y poder descartar que no esté asociado a otros problemas más graves.
“El sufrimiento es lo que siempre se debe evitar y cuando un niño nos está advirtiendo durante mucho tiempo de que le pasa algo no podemos hacer oídos sordos. No siempre son cuestiones de capricho o de mala crianza; en muchos casos, el chico nos está haciendo una llamada de atención y no debemos descuidarla”, asevera Planas.







